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Aprovecha bien el tiempo | Reseña

19 junio, 2021
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Ana Ávila a través de  su obra «Aprovecha bien el tiempo: Una guía práctica para honrar a Dios con tu día», nos invita a considerar el tiempo y los recursos que tenemos desde una mirada del evangelio. Todos tenemos obligaciones y quehaceres en el día a día que ocupan nuestro tiempo. Entonces ¿Cómo puedo planificar si no tengo tiempo para ello? ¿Cómo incluir a Dios en mi agenda si lucho cada día con cumplir mis tareas? ¿Puedo salir de este círculo de insatisfacción de no cumplir con todos mis planes? En las páginas del libro, la autora nos propone algunas sugerencias y soluciones para hacer uso de la productividad para honrar a Dios y servir a quienes nos rodean.

Cuando se nos comenta de una cualidades de una persona productiva, usualmente se nos viene a nuestra mente una persona con 100 cosas en su agenda, perfectamente calculadas, aprendiendo 100 habilidades y aprovechando cada momento para seguir produciendo. La autora nos presente que la productividad desde el punto de vista bíblico, no se basa en una vida productiva egoísta, e inclusive, que no se trata únicamente de lo que hacemos. Así como practicamos los principios de Dios ya una vez experimentamos la salvación y libertad en Cristo, y no practicamos los principios de Dios para obtener salvación, así también la productividad tiene sus bases en que somos fuimos diseñados con propósito por Dios. Nuestras acciones o el tamaño de nuestras agendas no deberían tener el propósito de hacernos más valiosos. Ya somos valiosos por todo lo que Dios ha hecho en nuestra vida.

Siguiendo con la idea, la autora nos señala nuestra agenda no debería ser en función de lo que otros piensen o determinen de mí. El ejemplo es Cristo. Ciertamente, Jesús sirvió, ayudó, sanó, sintió, e hizo un montón por las personas, su vida estaba orientada al servicio, pero sus acciones y decisiones fueron guiadas por el propósito que vino a este mundo. De la misma manera, nosotros fuimos diseñados con un propósito. Nuestro propósito lo podemos encontrar en la reconciliación que ha provisto Dios, es decir, Dios colocó los medios para salvarnos, para ya no vivir lejos de Él, para disfrutar de su compañía. Es por ello que podemos compartir también esta alegría, en crear momentos agradables con quienes nos rodean, en aprender y crecer para aliviar las cargas del que sufre y con ello mostrar que hay Uno que le da satisfacción a nuestra vida. A medida que veamos una vida productiva como una vida de servicio veremos como muchos planes y tareas ya no son tan necesarios mientras se abren otras puertas y ventanas para crecer en gracia.

A lo largo de los capítulos, la autora nos señala encarecidamente que la productividad tiene dos partes: el trabajo y el descanso. Jesús tuvo momentos de descanso no solamente físico, sino también compartió la mesa con las personas, tuvo momentos retirados junto a su Padre, fue a visitar a sus amigos, etc. Recordando la historia de los discípulos también recordamos que incluso en sus fracasos, ellos no perdieron el amor de Jesús. La pereza o la actividad, ninguna de estas acciones nos da o quita valor ante Dios. Cuando nuestra agenda este llena al final del día luego de no hacer nada, podemos estar seguros que hay nuevas oportunidades en Dios y seguir avanzando para cumplir con nuestras tareas. Con Dios no hay punto final.

Ya en las últimos capítulos se mencionan muchas herramientas que podemos utilizar, siendo la mejor herramienta la que se amolde a nuestras preferencias. En lo personal, son muchas las lecciones que he aprendido de este libro, algunas aun debo tomar tiempo para concientizar y actuar. Pero sobre todo, este libro me dio mucha paz. Tú y yo no somos Dios, no podemos hacerlo todo pero podemos descansar en que Dios que todo lo puede nos ayudará en nuestro propósito, nos acompañará cuando no existan fuerzas, nos dará sabiduría para quitar planes y tareas e incluir planes para nuestro bien. A veces da mucha ansiedad sobre lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer en nuestra vida, pero podemos estar seguros que Dios nos acompaña aun cuando tropecemos para luego levantarnos. Seamos conscientes con nuestro tiempo, no como un castigo o temor, sino conscientes para disfrutarlo, para sentirlo, para experimentar el presente y pensar en el futuro, para recordar que con tareas pequeñas se construyen grandes planes y que en todo Dios nos acompaña, pues somos creación preciosa suya.

Seguidor de Jesús. Disfruto la lectura y me encanta compartir lo aprendido.

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